ANITA

Mira, Anita. Lo que un hombre lleva dentro no se le puede contar a cualquiera, pero uno tuvo que hacerlo. Tuve que pincharle para que se diese cuenta con quien no se enreda. Le pinche tanto que no era a él a quien pinchaba, sino al destino, al porvenir, a sus amigos y a cualquiera que quisiera acercarse a ti, Anita. Tuve que hacerlo porque la verdad la escribo yo con mis pasos, con mi devenir y con mi amor por ti.
Todo ocurrió en esta calle, Anita. En la que queda entre José Abascal y Ríos Rosas de la ciudad que nos vio crecer.
Sabes como soy, mi Anita, que, si mi corazón siente, mis ojos padecen y lo que después viene nunca acaba bien. Que es verdad cuando te digo que no tienes razón si te digo que no me invento los problemas, Anita. Que la vida está muy mala y la envidia del vecino siempre quiere hacerse con lo poco que uno tiene. Por eso tuve que pincharle y por eso te lo cuento, mi Anita.

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